martes, 10 de noviembre de 2009

Espacios del anonimato

Los no-lugares. Espacios del anonimato
Marc Augé, profesor de antropología y etnología de l'Ecole des Hautes Études en Science Sociales de París
«Si un lugar puede definirse como lugar de identidad, relacional e histórico, un espacio que no puede definirse como espacio de identidad ni como relacional ni como histórico, definirá un no lugar. La hipótesis aquí defendida es que la sobremodernidad es productora de no lugares, es decir, de espacios que no son en sí lugares antropológicos y que contrariamente a la modernidad baudeleriana, no integran los lugares antiguos.»

Los no-lugares refleja una forma de ausencia: laguna mental, azar, velocidad. Todo sucede en un tiempo donde “no pasa nada”. Aparentemente son una pausa, un vacío de lenguaje. Pero en ellos se monta un espectáculo. Se cubre el ruido, el silencio, el supuesto aburrimiento, el posible diálogo. La publicidad ofrece un modo de descanso.
Los no lugares no existían en el pasado. Son espacios propiamente contemporáneos de confluencia anónimos, donde personas en tránsito deben instalarse durante algún tiempo de espera, sea a la salida del avión, del tren o del metro que ha de llegar.
Los no lugares convierten a los ciudadanos en meros elementos de conjuntos que se forman y deshacen al azar y son simbólicos de la condición humana actual y más aún del futuro.Somos la suma de relaciones presentes y pasadas.
Un no lugar es neutro, frío, no propicia la creación de símbolos ni de sentido. En un no-lugar no tenemos una voz propia. Somos cualquiera dentro de una multitud. Tendemos a vaciar temporalmente nuestra individualidad habitual. Pasamos durante un tiempo muerto a comportarnos como espectadores. En un no lugar rara vez sentimos la necesidad de ser creativos.
En un no lugar estamos 'fuera de lugar'.
El hombre del no lugar no es únicamente un hombre anónimo, es, sobre todo, un hombre solo. Y Augé presentó una visión del hombre moderno que cobra las dimensiones de una etnología de la soledad.
Hoy, la frecuentación de los no lugares ofrece la posibilidad de una experiencia sin verdadero precedente histórico de individualidad solitaria y de mediación no humana (basta un cartel o una pantalla) entre individuo y poder público.

La Antropología nos muestra cómo vivimos de una manera científica. Nos define como actores que se desenvuelven en un cierto espacio.
Suponer que se pudiese proyectar un gran teatro donde no sólo seamos actores, sino también espectadores, donde todos nos demos cuenta de cómo nos relacionamos entre nosotros, podamos observar nuestros propios comportamientos, y así descubrir la lógica de nuestro sitema abstracto de sociedad.
Mientras que la identidad de unos y otros constituía el lugar antropológico, a través de las complicidades del lenguaje, las referencias del paisaje, las reglas no formuladas del saber vivir, el no lugar es el que crea la identidad compartida de los pasajeros, de la clientela o de los vendedores del domingo.

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